El trompo
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Uno de los niños trajo un trompo y lo hizo bailar. El trompo dio una vuelta y se quedó fijo, como si estuviera dormido.
Nos tumbamos en el suelo para ver mejor lo quieto que estaba y acercábamos la oreja para oír su fino zumbido.
Nos acercamos tanto que lo movimos, y el trompo, como un loco, saltó arañándonos a todos la cara. Nos fuimos a curar con desinfectante rojo.
Algunos niños quedaron pintados como payasos. «¿Qué os ha pasado?», nos dijeron cuando salimos. «¡Nada de particular! Que el trompo se ha vuelto loco».
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